Te ofrecen un préstamo con carencia y suena a regalo: el primer año pagas poquito y luego ya se verá. En mi trabajo esa frase aparece cada semana, y casi siempre con la pregunta equivocada detrás: «¿cuánto me baja la cuota?». La buena es otra: cuánto cuesta ese aire y qué vas a comprar con él. Aquí tienes la cuenta entera de un periodo de carencia, con un préstamo de 60.000 euros y los números a la vista para que los rehagas con la calculadora del móvil.
Qué es un periodo de carencia y qué no es
Un periodo de carencia es un tramo al principio del préstamo en el que dejas de devolver capital y pagas solo intereses. No es una pausa, no es un descuento y desde luego no es dinero perdonado: el banco sigue cobrando todos los meses sobre una deuda que no se mueve.
Ahí está el detalle que casi nadie ve. En un préstamo corriente cada cuota devuelve un poco de capital, y como los intereses se calculan sobre lo que todavía debes, el mes siguiente pagas un poco menos de intereses. Durante la carencia eso no ocurre: el capital vivo se queda clavado en la misma cifra y el mes doce pagas exactamente los mismos intereses que el mes uno.
La cuenta con números: 60.000 euros a cinco años
Préstamo de 60.000 euros, cinco años (60 meses), tipo nominal del 6 % anual, que son 0,5 % al mes. Con el sistema francés de toda la vida, la cuota es 60.000 × 0,005 dividido entre 1 menos 1,005 elevado a menos 60. El denominador vale 0,2586 y la cuota sale a 1.159,97 euros.
Pagas 1.159,97 × 60 = 69.598,20 euros. De ahí, 60.000 son tuyos de vuelta y 9.598,20 son intereses. Guarda ese número: es la referencia contra la que hay que medirlo todo.
Ahora mete doce meses de carencia sin tocar la fecha final. El primer año pagas solo intereses: 60.000 × 0,005 = 300 euros al mes, 3.600 euros en el año, y al terminarlo debes los mismos 60.000 del día de la firma. A partir del mes trece tienes que devolver esos 60.000 en 48 meses en lugar de en 60, así que la cuota se recalcula y se va a 1.409,10 euros.
Suma: 3.600 + 1.409,10 × 48 = 3.600 + 67.636,80 = 71.236,80 euros, de los que 11.236,80 son intereses. El año de respiro te ha costado 1.638,60 euros, y cuando se acaba la cuota sube de 1.159,97 a 1.409,10: son 249,13 euros más al mes, un 21,48 % por encima de la cuota que ni siquiera habías llegado a pagar.
Dos carencias que se llaman igual y no cuestan lo mismo
Aquí se decide el dinero, y es lo primero que pregunto, antes incluso de mirar el tipo: ¿la carencia se come el plazo de amortización o se suma al plazo?
Si se suma —doce meses de carencia más los sesenta de siempre, 72 en total—, la cuota vuelve a ser 1.159,97 euros cuando arranca la amortización, porque devuelves 60.000 en 60 meses igual que antes. El total es 3.600 + 69.598,20 = 73.198,20 euros y el sobrecoste, 3.600 euros exactos: un año entero de intereses a cambio de nada. Más del doble que en el caso anterior, y con la cuota idéntica. Por eso la cuota no sirve para comparar.
Hay una tercera versión, la carencia total, en la que no pagas ni capital ni intereses. Esos intereses no desaparecen: se suben a la deuda. Al cabo de doce meses debes 60.000 × 1,005 elevado a 12 = 63.700,67 euros, y devolver eso en 48 meses son cuotas de 1.496,01. Pagas 71.808,48 euros en total, 11.808,48 de intereses, 2.210,28 más que sin carencia. Y empiezas el segundo año debiendo más de lo que pediste.
Y la letra pequeña: si la carencia se negocia con el préstamo ya en marcha, suele ir con una novación, y si la comisión es del 0,5 %, sobre 60.000 euros son 300 euros el primer día. El sobrecoste pasa entonces de 1.638,60 a 1.938,60 euros.
Lo que aprendí en una imprenta del polígono
Vicente lleva treinta años imprimiendo etiquetas para bodegas. Me recibió un martes de julio en su nave, con el aire cargado del olor dulzón del disolvente y la guillotina sonando cada pocos segundos al fondo, y me sentó en una silla de oficina con el respaldo roto. Traía su cuaderno cuadriculado, donde apunta las cuotas a boli, con una hoja del banco doblada encima: 60.000 euros para una máquina de corte, doce meses de carencia. «Así respiro», me dijo.
Le hice una sola pregunta: ¿qué vas a hacer con los 859,97 euros que te libera la carencia cada mes? Es la cuota completa menos los 300 de intereses. Se quedó callado mirando el cuaderno. La respuesta honesta era tapar el agujero del mes, el de todos los meses.
Ahí se acabó la conversación sobre la carencia. Un agujero que se repite cada mes no se tapa con un año de aire: se agranda. Al terminar la carencia tendría el mismo agujero y 249,13 euros más de cuota. Lo que hicimos fue lo contrario: pedir el préstamo sin carencia y a siete años al mismo 6 %, con una cuota de 876,51 euros. Le baja el recibo 283,46 euros todos los meses hasta el final, no solo doce. Le dije la verdad completa, que para eso me pagan: en intereses paga 13.626,84 euros, 4.028,64 más que a cinco años. Está comprando una cuota que aguanta, no un aplazamiento.
Cuándo un periodo de carencia sale a cuenta
La regla que uso desde entonces es corta: la carencia solo vale si el dinero que libera compra tiempo para un ingreso con fecha. Una obra que impide facturar cuatro meses, una máquina que tarda en entrar en producción, una consulta nueva que necesita medio año para llenar la agenda. Si al otro lado del túnel hay una fecha, la carencia es la herramienta correcta. Si lo que hay es un deseo, estás financiando el problema a plazos.
Y ponle precio al aire, porque se puede. En nuestro ejemplo la carencia libera 859,97 euros al mes durante doce meses: 10.319,64 euros de caja. Cuesta 1.638,60. Divide y te sale 15,88 euros por cada 100 euros de oxígeno. No es una TAE ni pretende serlo, es una cuenta de cocina, pero sirve para lo único que importa: comparar. Si tu línea de crédito o el descubierto te salen más baratos que eso, la carencia no es tu herramienta.
Donde la regla se rompe es a tipo variable: ahí la carencia deja el saldo entero expuesto a las revisiones doce meses más, y el sobrecoste que has calculado deja de ser una cifra cerrada. En ese caso yo acorto la carencia o la cambio por un plazo más largo, que es aburrido y previsible.
Preguntas frecuentes
¿Cómo comparo dos ofertas si una lleva carencia y la otra no? Nunca por la cuota, que es justo lo primero que te enseñan. Pide el cuadro de amortización completo de las dos y suma la columna de intereses hasta la última fila: ese número no se puede maquillar con el calendario. Y si no te dan el cuadro entero, ya sabes algo importante de esa oferta.
¿Puedo pedir la carencia cuando el préstamo ya está en marcha? Sí, se llama novación y casi siempre lleva comisión. Funciona porque al banco le interesa cobrar tarde antes que no cobrar, pero solo si llegas antes de fallar un recibo: con impagos encima, la mesa ya no es la misma. Si prevés un trimestre malo, la conversación es ahora.
¿Puedo amortizar anticipadamente durante la carencia? Puedes, y es el mejor uso de un dinero que te sobre ese año. Como los intereses se calculan sobre el capital vivo, meter 5.000 euros deja la deuda en 55.000 y la cuota de carencia baja de 300 a 275 euros al mes, 25 euros menos cada mes desde ese momento. Además la cuota posterior se recalcula sobre menos capital, así que el salto del mes trece duele menos.
Puntos clave
- Un periodo de carencia no perdona intereses: congela la deuda y los intereses siguen corriendo sobre ella.
- Con 60.000 euros al 6 % a cinco años, doce meses de carencia cuestan 1.638,60 euros y suben la cuota posterior un 21,48 %.
- Pregunta siempre si la carencia se come el plazo o se suma a él: sumarla cuesta 3.600 euros y deja la cuota igual.
- Compara ofertas por la suma de la columna de intereses del cuadro, jamás por la cuota del primer año.
- La carencia solo se justifica si al otro lado hay un ingreso con fecha; para un agujero recurrente, plazo más largo.


